Me costaban demasiado las mañanas. Pero ahora ya no tanto. Cuando mi hijo se despierta ya no hay marcha atrás. Él no perdona la falta de atención. Reclama, no llora, pero sí llama, y a veces lo hace hasta cantando. Y pocas, contadas veces, lo sorprendo, solitario y seguro, observándose las manos, como si se tratara de leer el futuro dibujado en las palmas.
Los domingos eran algo tristes. La desesperanza de que el fin de semana se terminaba. Mientras lustraba los zapatos negros lamentaba que faltara tiempo para descansar de las emociones de los sábados, tiempo para apaciguar las emociones de los domingos. Y el lunes, la rutina, el estudio, los días de esfuerzo me cansaban demasiado.
Pero empecé a disfrutar desde hace poco lo que realmente debía. La decisión de caminar cuando yo quiero, la de ver luz fuera de la ventana si observo mejor aun entre estas nubes grises. No me desaniman ahora ni las tardes tristes, ni la falta de amor. Vivo por momentos, tan entusiasmada con mis descubrimientos, que me hace menos falta lo demás y dependo más de mí. Cada vez un poco más.
Por qué publicamos ahora lo que tanto guardábamos en cuadernos de papel, con pequeñas llaves, las chicas, cuando los diarios estaban de moda? Será que ya todo se dijo, que no hay mayor novedad, que cada día la capacidad de sorprender disminuye y da lo mismo una raya más en medio de una pintura de Pollock. Saturación y al final, homogenización...del paisaje, de la gente, de sus almas y de sus códigos y normas.
Hay días en que todavía una simple mirada me cautiva, una sonrisa me enternece, una palabra me motiva, una actitud me reconforta. Hay días en que eso todavía pasa y creo que eso significa que aun me falta mucho por vivir. Que todavía me puedo seguir sorprendiendo y que hay más por estimar que por subestimar.
Trasnoche, en que millones de personas al otro lado están en alerta. Trasnoche en que algunos otros divagamos y hacemos algo tan sencillo como pensar y escribir. Minutos que quizás haya perdido, pensando en qué diré mañana, en cuánto más aprenderé y que disfrutaré verdaderamente de este clima incierto.
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