martes, 3 de mayo de 2011

Qué momento más bueno. Todos duermen y yo estoy sumergida entre palabras y pensamientos. Me excuso: "debe ser por el café". Sí, debe ser, pero también es por la noche. Subestimada noche que no tiene ni luna llena, ni aullido de perros, ni misterio de ángeles guardianes. Solo unas canciones simples, unos ronquidos quedos, una laptop amiga (qué gran amiga), una luz rosácea y rasgos de días pasados en mi mente.

Y calladita, calladita, dejo mi mente tranquila hasta desanimarme a recordarte ese pequeño secreto que guardamos años atrás. De a poquitos me voy durmiendo.


Ian


Dulce, dulcísimo eres.

lunes, 11 de octubre de 2010

Canción de cuna para Tatita

Carita linda, pícara y tierna
tú me convences de lo que sea
te canto y lloras,
te sueño y ríes
el alma pura de mis entrañas
toda mi vida en un cuerpito
todo completo, Dios! Qué magia Tuya!

Te veo y siento
te toco y creo
te pienso y recuerdo
que te tenía dentro
explorando el mundo nuevo
creciendo en tu alma
toda esta alegría que hoy me das.

Diez del diez del dosmil diez

No pensaba que hoy mi hijo dormiría en el cuarto de al lado, que mi esposo estaría en la sala, acompañándome "moralmente", como él dice, con la tele encendida mientras duerme, y que yo, como cada noche desde niña, estaría todavía haciendo tareas a las 2:20am. "No soy la única", me digo. Conozco muchas personas que suelen hacer lo mismo. Pensar de noche, trabajar de día, dormir poco. A mi madre también le sucede algo parecido: duerme poco, piensa mucho, siente demasiado. Y papá, papá también solía acompañarme hasta las 2 am, y ambos nos despertábamos a eso de las 7...Aunque no recuerdo realmente que nos despertáramos juntos. Seguramente yo dormía más, y llegaba siempre tarde al colegio.

Me costaban demasiado las mañanas. Pero ahora ya no tanto. Cuando mi hijo se despierta ya no hay marcha atrás. Él no perdona la falta de atención. Reclama, no llora, pero sí llama, y a veces lo hace hasta cantando. Y pocas, contadas veces, lo sorprendo, solitario y seguro, observándose las manos, como si se tratara de leer el futuro dibujado en las palmas.

Los domingos eran algo tristes. La desesperanza de que el fin de semana se terminaba. Mientras lustraba los zapatos negros lamentaba que faltara tiempo para descansar de las emociones de los sábados, tiempo para apaciguar las emociones de los domingos. Y el lunes, la rutina, el estudio, los días de esfuerzo me cansaban demasiado.

Pero empecé a disfrutar desde hace poco lo que realmente debía. La decisión de caminar cuando yo quiero, la de ver luz fuera de la ventana si observo mejor aun entre estas nubes grises. No me desaniman ahora ni las tardes tristes, ni la falta de amor. Vivo por momentos, tan entusiasmada con mis descubrimientos, que me hace menos falta lo demás y dependo más de mí. Cada vez un poco más.

Por qué publicamos ahora lo que tanto guardábamos en cuadernos de papel, con pequeñas llaves, las chicas, cuando los diarios estaban de moda? Será que ya todo se dijo, que no hay mayor novedad, que cada día la capacidad de sorprender disminuye y da lo mismo una raya más en medio de una pintura de Pollock. Saturación y al final, homogenización...del paisaje, de la gente, de sus almas y de sus códigos y normas.

Hay días en que todavía una simple mirada me cautiva, una sonrisa me enternece, una palabra me motiva, una actitud me reconforta. Hay días en que eso todavía pasa y creo que eso significa que aun me falta mucho por vivir. Que todavía me puedo seguir sorprendiendo y que hay más por estimar que por subestimar.

Trasnoche, en que millones de personas al otro lado están en alerta. Trasnoche en que algunos otros divagamos y hacemos algo tan sencillo como pensar y escribir. Minutos que quizás haya perdido, pensando en qué diré mañana, en cuánto más aprenderé y que disfrutaré verdaderamente de este clima incierto.


viernes, 8 de agosto de 2008

Soñadores de luna llena

Ocho del ocho del dosmilocho.

Símbolo infinito repetido tres veces.

Juiciosa, luna, apareces inmiscuida,

llana, manchada, pecosa, creciente,

ilusoria luz del espacio.